Constantinopla

El 29 de mayo de 1453 el mundo veía como el imperio más antiguo de su momento caía en manos de los turcos tras un épico asedio y una enconada resistencia dignas de pasar a la historia. La toma de Constantinopla por las tropas de Mehemet II fue el punto y final para la edad media y la desaparición del último vestigio vivo tangible de la gloriosa Roma. En esta serie de artículos vamos a contar la caída de la legendaria ciudad empezando por su historia y evolución y también en la de sus enemigos, deteniéndonos en los preparativos de la batalla por ambas partes, contando el angustioso asedio que sobrecogió al mundo entero y analizando, finalmente, las consecuencias de su caída para todo el mundo. Sin más que añadir a esta introducción, empecemos conociendo la historia del Imperio Bizantino.

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El Imperio Bizantino en su mayor momento de expansión

Constantinopla, fundada en el 330 d.C., por el emperador Constantino, sobre una agotada ciudad de origen griego, se convirtió en la segunda capital del Imperio Romano, rivalizando y superando en múltiples ocasiones a la ciudad eterna. Con la destrucción del Imperio Romano de occidente en el 476 d.C, la antigua ciudad de Bizancio, convertida en la capital del Imperio Romano de Oriente, se convirtió en el heredero del legado romano, con mucha influencia del mundo oriental y griego. El Imperio Bizantino vive durante la edad media diversas etapas más o menos afortunadas, pero su posición clave en las rutas de comercio con oriente la daba gran poder y riqueza y tenía un extenso imperio en oriente próximo bastante próspero. A pesar de su poderío, Bizancio adolecería de toda una serie de problemas que la golpeó a lo largo del tiempo hasta su desaparición en 1453.

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Teodora y Justiniano durante la rebelión de la Nika

El Imperio Bizantino, o Imperio Romano de Oriente, sufría cíclicas luchas intestinas e intrigas políticas que nos recuerdan a las que vivió Roma durante su historia, un buen ejemplo de ésto es la revuelta de Niká que vivió Justiniano II en el 532 d.C. y que si no llega a ser, entre otras cosas, por la mágnifica actuación de su mujer Teodora le hubiera costado la púrpura imperial. Otro gran problema fue el surgimiento del Islam y su gran expansión desde el 632 d.C. Un muy poderoso enemigo que trabó frontera con el atribulado imperio después de derrotar a los que habían sido el enemigo histórico de los bizantinos; los Persas. A partir de Mantzikert, 1071, batalla que perdieron contra los turcos, el imperio entro en un claro retroceso al perder las principales rutas comerciales con el mundo oriental. La fe ortodoxa, le haría tener unas más que tirantes relaciones con occidente, que no veía con buenos ojos a los ortodoxos, muchas veces espoleados por el Papa de Roma, empecinado en la unión de las dos iglesias, y cuya consecuencia más directa fue la toma de Constantinopla como colofón de la IV cruzada en 1204.

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Balduíno II de Jerusalem, el último rey del Imperio Latino 

En 1261 cae el Imperio Latino de Oriente a manos de las tropas griegas del Imperio de Nicea, fundado a la caída de Constantinopla en 1204, derrocando a su rey Balduino II y devolviendo la majestuosa ciudad a sus dueños. Miguel VIII Paleólogo, 1261-1282, fue el nuevo “Constantino” Imperio Bizantino bastante más pequeño que antaño, que tuvo que enfrentarse al acoso de los turcos en Anatolia y lidiar con la independencia de las entidades políticas eslavas en los Balcanes. Económicamente muchos autores defienden que el Imperio vivía una etapa de cierta prosperidad, pero que no sería suficiente para mantener tantos frentes abiertos. Miguel VIII dejó al Imperio una cierta estabilidad; en política exterior usó la diplomacia para enfrentar a sus enemigos entre sí, divide y vencerás. En economía legó un tesoro saneado, a pesar de tener que devaluar la moneda, pero la economía dependía de las repúblicas italianas; Venecia y Génova. Aunque el emperador favoreció a Génova por encima de su eterna rival.

Andronico III

Andrónico III rebelándose contra su padre

Andrónico II, 1282-1328, sucede a su padre, Miguel VIII, heredando los problemas de éste. El agotamiento económico era ya más que patente, Andrónico tuvo que devaluar la moneda y, aún así, el tesoro no daba abasto para llevar a cabo las políticas militares necesarias para la pervivencia del Imperio. La marina imperial pasó a depender de los Genoveses y en el ejercito terrestre se contrataban mercenarios. En Anatolia los mongoles y los turcos selyuquies, dominados por los primeros, presionaban las fronteras y en los Balcanes los eslavos cada vez tenían más pretensiones territoriales. Para luchar contra los turcos Andrónico llamó a las temibles compañías mercenarias aragonesas, los almogávares, comandados por Roger de Flor, pero al ser traicionados estos por el emperador se volvieron contra sus patrones y les arrebataron Atenas y Neopatria. Durante la década de los 20 del siglo XIV asistimos a toda una serie de guerras intestinas como la encabezada por Andrónico III, nieto del basileus Andrónico II. Éste movimiento llevó a Andrónico II  a abdicar dejando el trono a su nieto.

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Soldados del Imperio Bizantino durante los s XIII y XIV

El Imperio sigue feudalizandose y ruralizandose en un proceso que ya había comenzado hacia años. La pronoia es una concesión de tierras a un particular que da el estado a cambio de un servicio militar, pero que en éste periodo los beneficiarios de la pronoia no cumplían con sus obligaciones. Las tierras concedidas de esa manera se vuelven hereditarias y muchos campesinos que antes trabajaban para el estado pasaban a estar bajo tutela de estos señores terratenientes. El concilio de Lyon de 1274 significaba la teórica sumisión de la iglesia Ortodoxa ante el Papa de Roma. Esta maniobra tenía como objetivo asegurarse el apoyo del Papa y por ende de las monarquías europeas para luchar contra los enemigos que acosaban al Imperio. Esto haría que la eclesiarquía Ortodoxa se opusiera al gobierno de Miguel y apoyase a los Lascaris, la dinastía a la que usurpó el poder durante el Imperio de Nicea, dando problemas al Basileus. Esta táctica de acercamiento al papado se repetiría durante toda su historia en las situaciones más críticas.

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Juan VI Cantacuceno

Andrónico III, 1328-1341, tuvo que hacer frente al terrible empuje de Orkhan I, 1326-1362, junto con la ayuda de su amigo Juan Cantacuceno, 1347-1354. Afortunadamente, la política desplegada por Andrónico llevó a la recuperación Tesalia y el Épiro en 1340, aunque rápidamente cayó en manos del reino de Serbia. En política interior el basileus y Cantacuceno crearon un tribunal llamado de los Justicias Universales de los Romanos, destinado a acabar con la corrupción administrativa, jurídica y fiscal. Este tribunal acabó siendo tan corrupto como aquellos a los que perseguía. La muerte prematura de Andrónico III llevó a la peligrosa minoría de edad de su hijo. Juan Cantacuceno se proclamó regente, pero se produjo una revuelta antiaristócrata, proveniente de las ciudades dirigida por los artesanos y comerciantes, que veían en Cantacuceno un usurpador. En 1347 la cruenta guerra civil acaba con la victoria del regente, el cual gobernó junto con uno de sus rivales como segundo emperador; Juan Paleológo. Este conflicto beneficia a sus enemigos externos, sobre todo los serbios que dominaron toda Macedonia, salvo Tesalónica. Los turcos, contratados para vencer a sus enemigos internos, también aprovecharon para robar territorios a los bizantinos. En 1354 Juan V Paleológo, organizó una rebelión contra Cantacuceno, no hubo derramamiento de sangre. En cuanto Juan VI vio los pocos apoyos que tenía abdicó y se retiró a vivir como un monje hasta el fin de sus días.

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Juan V, 1354-1391, en 1355 escribió al Papa con la firme intención de acercar posturas sobre la unión de las dos iglesias, a fin de conseguir el apoyo de la Europa católica, pero el Papa no quería negociaciones y solo admitiría una subordinación total de los ortodoxos. En 1369 el emperador viajó a Roma con partidarios de la unión para su conversión a la fe católica, aunque era un acto personal para nada vinculante con la iglesia ortodoxa.  Después de eso el emperador viajó por Europa pidiendo ayuda para el Imperio, pero con pésimos resultados, llegando a ser retenido por un comerciante veneciano al que se le debía dinero. De nada le sirvió su conversión. Los años siguientes fueron tensos, hubo otra guerra civil de 1376 a 1379, hasta que finalmente se decidió devolver el poder a la dinastía de los Paleológos, aunque pocos territorios quedaban ya para gobernar.

The Age of Tamerlane

Soldados de Tamerlan

 

La ruptura de los mongoles fue un rayo de esperanza para los Bizantinos. Tamerlan estaba acosando a los otomanos arrebatándoles territorios en Anatolia, lo que obliga a los la Sublime Puerta a dejar Constantinopla de lado mientras se ocupa del peligro mongol. Juan VII intentó llegar a un acuerdo diplomático con Tamerlan, para hacer causa común y enfrentarse a los otomanos, pero no se llegó a ningún lado y con la muerte de Tamerlan y la disolución de su imperio las esperanzas se desvanecían también para los bizantinos.

 

 

 

Manuel_II_Palaiologos

Manuel II

Manuel II, 1391-1425, fue rehén primero y posteriormente vasallo de Bayaceto I, pero gracias a su inteligencia política y a su habilidad militar consiguió dar algo de oxígeno al asfixiado imperio. La derrota de Nicópolis en 1396, posiblemente la última gran cruzada, hizo que occidente tomara conciencia del peligro turco y muchos reinos se empezaron a plantear enviar ayuda a Bizancio, asediada por las tropas de Bayaceto. Manuel II inició otra peregrinación Europea para pedir ayuda. Tras dos años de viaje, a su vuelta en 1403, el asedio había terminado y la ayuda europea se desvaneció tan rápido como lo hicieron los ejércitos de la sublime puerta. Manuel II ratificó un tratado que ya firmase Juan VII, su sobrino, con Suleyman, el cual beneficiaba ampliamente a Constantinopla llegando a recuperar con él ciertos territorios como Tesalónica. Manuel II apoyó a Mehmet I en su ascenso por el sultanato después de las luchas de poder originadas tras la muerte de Tamerlan, lo cual le dio un respiro y buenas condiciones al agonizante Imperio Bizantino. Pero a la muerte de Mehmed I y la llegada al trono de Murad II cambió todo esto. En 1422 Constantinopla sufre otra vez el asedio turco, pero se levantó en 1424 con la firma de un tratado bastante desfavorable para los bizantinos.

 

John VIII

Juan VIII

Juan VIII, 1425-1448, sucede a su padre y a su hermano Juan VII que murió años antes prematuramente. Los turcos recuperaron todos los territorios que Manuel II consiguió por la vía diplomática. En 1431 cae Tesalónica y este hecho remueve las conciencias occidentales a la vez que lleva al emperador a tomar una decisión; la unificación con la iglesia católica merecería la pena si con ello salvaba el imperio. El emperador junto con una delegación de religiosos ortodoxos viajaron a occidente y en 1438, en Ferrara, se inicio un concilio para debatir los aspectos doctrinales que separaban a ambas iglesias. En 1439 el Papa y el emperador firmaron un acuerdo en la ciudad de Florencia. La población constantinopolitana no se tomarían tan bien lo del acuerdo y obligaron a retractarse a los representantes. A pesar de ello, el Papa Eugenio cumplió con su parte y ayudó al agónico imperio y se erigió una cruzada que se enfrentaría a los turcos en Varna en 1444. El resultado de la batalla fue desastroso para los cruzados y los turcos se impusieron una vez más. Una segunda batalla en 1448, la II batalla de Kosovo fue el epílogo de esta cruzada. Juan VIII moriría poco después y le sucedió su hermano Constantino XI, el último emperador bizantino.

Hasta aquí la primera parte de nuestra serie sobre el asedio y caída de Constantinopla. En la siguiente entrada repasaremos los orígenes y ascenso de los otomanos y nos quedaremos en el preámbulo al gran hecho que cambió una época.

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