Sin título

El 2 de abril se produjo el primer contacto entre invasores y defensores. El primer destacamento turco que apareció fue recibido por unos cuantos hombres que no pudieron hacer frente a todos los que llegaban, así que se retiraron a la ciudad. Se destruyeron los puentes sobre el foso, se cerraron las puertas y se tensó la cadena que cerraba el Cuerno de Oro por mar. Cuatro días después de esta escaramuza el resto del ejército había llegado a la ciudad y estaba colocado en sus posiciones de asedio. Mehmet envió una embajada para lanzar un ultimatum, como era costumbre, que, evidentemente, fue rechazado. La artillería abrió fuego contra las murallas. Durante todo el día se estuvo castigando las defensas. Al anochecer una sección en la puerta de Carisia estaba gravemente dañada y se derribó al día siguiente. Los defensores aprovecharon la noche para reconstruir la sección destruida. Mehemet decidió parar los bombardeos hasta tener más cañones a fin de comprobar la resistencia de los puntos más débiles. Los turcos aprovecharon el callar de los cañones para rellenar el foso y poder llegar a donde la artillería había derruido la muralla. Además, se pusieron a cavar minas a fin de socavar la muralla desde sus cimientos. Se ordenó a Oghe atacar la cadena el 9 de abril. Más la cadena aguantó los envites y el almirante otomano decidió esperar a la escuadra del mar Negro. Fuera de las murallas había dos pequeñas fortalezas que se convirtieron en el objetivo de Mehmet; una en Terapia y la otra en un pueblo cerca del Studio. La fortaleza de Terapia cayó a los dos días de ataques, cuando sus murallas cayeron hechas migas por los cañonazos. La del Studion solo resistió unas pocas horas. Los supervivientes fueron empalados delante de las murallas.

Orban

Los bombardeos se reanudaron el 12 de abril y durante seis semanas las murallas sufrieron el castigo estoicamente. El cañón de Urbán necesitaba muchos cuidados, esto provocaba que solo se pudiese disparar siete veces al día, por suerte para los defensores. Ante los monstruoso y devastadores impactos de la artillería los defensores intentaron proteger la muralla colgando tiras de cuero y balas de lana para intentar amortiguar los golpe, aunque con escasos resultados. En una semana la muralla del valle del Lycus había sido hecha migas. Giustiniani y sus hombres consiguieron levantar una barricada trabajando por las noches. El 12 también llegaron los barcos del mar Negro y Balta Oghe inició los ataques contra la cadena. La táctica consistía en atacar los barcos cristianos para distraer su atención mientras otros barcos turcos intentaban cortar las maromas que unían las cadenas con las torres. A pesar de los esfuerzos, los bizantinos organizaron bien su defensa y Lucas Notarás acudió con sus hombres al rescate. La gran maestría de los marineros cristianos hizo que el combate se balanceara a su favor. Las catapultas cristianas y los proyectiles hicieron mucho más daño a las naves turcas de los que ellos hicieron sobre los bizantinos. La flota imperial pasó al ataque y empezaron a poner en un verdadero brete a los otomanos, que tuvieron que retirarse para evitar una masacre. El sultán encontró pronto cual fue el problema. Los cañones de las embarcaciones turcas no conseguían atinar en las zonas vulnerables de los barcos rivales debido a su angulo de inclinación. Por lo tanto, lo que había que hacer es mejorar el diseño y permitir que se elevaran más. Así se ordeno y así se hizo. En una prueba se consiguió hundir una galera bizantina obligando a los defensores a permanecer detrás de la cadena protegidos del fuego artillero protegidos por las murallas de Pera.

constantinopla

El 18 de abril se ordenó el asalto al Mesoteichion. Los jenízaros encabezaron el asalto a través del foso, cegado previamente, hacia la barricada con escalas, teas y ganchos. El gran volumen de turcos era, más que una ventaja, un lastre en las zonas estrechas. Por otro lado, la infantería pesada de los soldados del lado bizantino era capaz de aguantar los asaltos enemigos gracias a sus formidables armaduras y defensas. Tras cuatro horas de combate los otomanos se retiraron. Dos cero para el Imperio.

 

 

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El 20 de abril un suceso acaeció dando ánimos y más moral a los defensores. Los vigías, tanto otomanos como bizantinos, vieron aparecer en el horizontes cuatro naves, tres galeras genovesas y un buque imperial, llegaban a Constantinopla, con hombres y víveres. Las naves genovesas eran las que el Papa había armado y enviado para socorrer la ciudad que por fin llegaban a su destino. El sultán no tardó en poner sobre aviso a Balta Oghe con una orden muy clara; o detenía el convoy o no volvería con vida. Se preparó la flota y los otomanos se lanzaron a por su presa. Cuando estuvieron a distancia Oghe, desde el trirreme insignia, ordeno el alto, evidentemente no le obedecieron. Las ligeras naves turcas tenían problemas para maniobrar, mientras que las cristianas tenían mejores condiciones y eran mas pesadas y, por lo tanto, mas recias. La altura superior de las bordas de las naves genovesas y la nave imperial daba ventaja, ya que dejaba en muy mala posición a los turcos a la hora de intentar devolver los disparos de los cristianos. Las opciones de Oghe eran o abordar las naves, lo cual era complicado por lo expuesto anteriormente, o incendiarlas. Los turcos acosaban a las naves tanto como podían, pero a pesar de ello los barcos seguían su rumbo, hasta que el viento cambio y empezó a arrastrar a las naves lejos de puerto. Esto dio ánimos a Oghe que envió a sus barcos más grandes a por los cristianos para seguir con el acoso y acabar con el abordaje de estos. El trirreme insignia se puso como objetivo el navío imperial, sin embargo este contaba con un arma muy poderosa; el fuego griego que causaba estragos entre las embarcaciones turcas. Para evitar acabar aislados unos de otros, los cristianos decidieron abarloarse y unirse para formar un frente común. El combate se prolongó toda la tarde hasta que a la caída del sol el viento volvió a cambiar de dirección permitiendo que los cristianos se dirigiesen hasta el Cuerno de Oro. Con su entrada el puerto la batalla había concluido favorecedoramente para los bizantinos. La derrota le costó a Balta Oghe su expulsión del ejército del sultán, la perdida de todos sus honores y bienes y quedar relegado al olvido para siempre.

 

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